jueves, 21 de julio de 2011
NO SOY LA PRINCESA DE NADIE
Son las doce cero cero y todavía no ha aparecido. Ni va a aparecer. Todos esperan allí con impaciencia. Al bajar una gran escalinata, exactamente en el peldaño dieciocho, donde se le cayó el zapato derecho. Pasan cinco minutos. Después otros cinco más. Se desesperan. Sobre todo él, el de azul, el que parece perfecto.
No sabe que ella está huyendo. Quiere libertad. Vivir la vida, su vida, y no la que han escrito para ella. Piensa que no es justo, que el final feliz no debe ser siempre para la misma persona. Ahora le toca a ella.
A veces no es verdadero el típico ''Y fueron felices y comieron perdices''. No. Al menos en plural.
Ella ha estado siempre a su sombra. A la del que aparece de la nada a lomos de un caballo blanco, pretende ser alguien por su cara bonita y le sobra el dinero. Ese mismo que todavía no sabe que al final de este cuento no comerá perdices.
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